El lenguaje del fútbol | Deltatext

Aunque a algunos no les guste el fútbol, hay que reconocer que es un elemento arraigado en la sociedad y en muchos casos en nuestro entorno. De hecho, podríamos recuperar y adaptar al balompié el ensayo del filósofo Benedetto Croce Por qué no podemos no considerarnos “cristianos” (por si acaso, se refería a lo de Jesús, no a Cristiano Ronaldo), que hacía referencia al impacto que había tenido el cristianismo sobre la humanidad, a pesar de las creencias de cada uno. Sin intención de ser blasfemos y con las debidas diferencias, nos parece que con el fútbol pasa un poco lo mismo.

el lenguaje del futbol

 

Por esta razón, recién empezada la Liga, hemos decidido consultar la Fundéu y proponerles parte de algunas de sus entradas relativas a este deporte:

Tiquitaca: estilo de pases precisos y continuos que permiten mantener la posesión del balón y generar espacios hasta crear oportunidades de gol. Si en los ochenta lo empleaban entrenadores como José María Maguregui o Javier Clemente para referirse con carga peyorativa a un juego de continuos pases sin profundidad, como de pachanguita de entrenamiento a lo ancho del campo, el locutor deportivo Andrés Montes lo popularizó décadas después para encomiar el juego desplegado por el Barcelona y la selección española.

Bajo palos: muletilla que tiene más de cornada que de soporte idiomático. «Casillas ya se entrena a tope bajo palos», se nos informa. Ni siquiera bajo los palos, con el artículo que le correspondería si el giro en sí fuera preciso. De los tres palos que conforman la portería solo uno se sitúa por encima de los futbolistas o, lo que es lo mismo, únicamente se está bajo un palo: el larguero, en singular. En el país de los inventos con palo —la fregona, el chupachús—, ¿no convendría utilizar esta palabra con especial cuidado?

Crac: ¿Messi es un crack? Desde luego, pero también un astro, un fenómeno, una estrella, un superclase, un genio, un portento, un monstruo…; lo que es lo mismo, pero dicho en español. Esto de crack se usa tan a menudo en la prensa, en las retransmisiones deportivas y en las tertulias radiofónicas y televisivas que está desplazando a un sinfín de palabras genuinas con las que ya expresábamos que alguien es prodigioso, magnífico, extraordinario, magistral.

Jugón: «El Atlético puso en el terreno de juego a los jugones» o «Incomprensible mansedumbre para una alineación repleta de jugones». La intención del periodista en estos casos era destacar la categoría de estos jugadores, pero ¿realmente lo ha conseguido?, ¿o podría estar descalificándolos sin pretenderlo? Conviene saber que, si bien es cierto que el sufijo –ón añadido a un sustantivo lo mismo puede ensalzar que desprestigiar (notición y memorión, pero barrigón y patadón), cuando se combina con verbos, según señala la Gramática, aporta siempre un sentido peyorativo: de chupar, chupón; de preguntar, preguntón; de mirar, mirón… Así pues, con arreglo a la norma gramatical, jugón no sería quien juega estupendamente, sino más bien quien lo hace de manera mediocre.

Fuente: fundeu.es

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