Revisión y corrección – Parte I | Deltatext

La locución latina de Séneca el joven: Errare humanum est se aplica también a los traductores, razón por la que en muchos casos es importante, para poder garantizar una buena calidad, someter un texto traducido a revisión y corrección. Estos dos términos indican unos servicios complementarios que ofrecen las empresas de traducción y representan un valor añadido al producto; suponen tareas y competencias diferentes, pero muchas veces se confunden, por eso vamos a intentar aclarar la función y el desarrollo de ambas actividades.

Empecemos por la revisión, que El DRAE define como la acción de someter una cosa a nuevo examen para corregirla, enmendarla o repararla. Aplicado a una traducción, este concepto indica la acción de mejorar o enmendar el texto de llegada, sin volver a traducirlo, reescribirlo o modificarlo de forma injustificada: el objetivo es comprobar que la traducción sea adecuada para su fin, es decir, que cumpla las especificaciones del encargo de traducción.

El revisor tiene que ser un traductor cualificado y precisa además una formación especializada. Estos profesionales se deben caracterizar por ser unas personas muy curiosas y perfeccionistas; asimismo, deben ser flexibles con las normas lingüísticas y no adoptar posturas demasiado radicales o puristas. El revisor de un texto tiene que ser una persona diferente a la que ha traducido el texto en cuestión, dado que necesita no haber estado involucrado en los problemas de la traducción para lograr una visión más objetiva. Las tareas principales del revisor consisten en comprobar la coherencia interna, o adecuación de todas las partes al conjunto,  y la coherencia externa o inteligibilidad. La revisión suele empezar por la lectura del texto de llegada como si de un texto original se tratase, para apreciar el efecto total del tema y del estilo; de esta forma el revisor puede juzgar el texto desde la perspectiva del destinatario. Sigue la lectura a grandes rasgos del texto de origen, para lograr una visión  de conjunto. Se comparan luego los dos textos para verificar la correspondencia y fidelidad de la traducción. Por último, hay que volver a leer el texto de llegada y dar los toques finales para conseguir que la comunicación sea eficiente y natural.

A veces el revisor es percibido como hostil por parte del traductor, y esta impresión se debe a que a nadie le resulta agradable que su propio trabajo sea sometido a críticas, enmiendas y modificaciones; en realidad, si dejamos el ego a un lado y nos centramos en el verdadero objetivo, que es una traducción de calidad, podemos afirmar que no hay mejor complemento para un traductor que un buen revisor.

 

Fuentes y enlaces relacionados:

Boletín de la Fundéu Donde dice… 14 de enero a abril de 2009

hera.ugr.es/tesisugr/15472905

digibug.ugr.es

eltraductorenlasombra.com

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