Revisión y corrección – Parte II | Deltatext

En nuestra última entrada comentamos que revisión y corrección son palabras que, de forma equívoca, se consideran sinónimos. La primera distinción importante a tener en cuenta es que la categoría de los correctores incluye diversos tipos de profesionales, algunos de los cuales no son traductores, que se ocupan de verificar y corregir rasgos o aspectos que no implican la comparación de la traducción con el texto de origen.

En la definición de corrector que encontramos en la web de La Unión de Correctores, podemos leer la distinción entre corrector de estilo y corrector de pruebas. El corrector de estilo puede intervenir inmediatamente después de la redacción de un texto, después de la revisión de una traducción o tras una revisión técnica o de contenido. Su tarea consiste en la revisión de un texto para eliminar defectos de redacción, errores gramaticales, impropiedades léxicas y rasgos no genuinos de la lengua empleada. El corrector de estilo evalúa si el emisor o autor del texto ha conseguido expresar y redactar sus ideas con la claridad necesaria para que el receptor elegido pueda comprenderlas con facilidad o, si no es así, remediar los problemas. Es necesario el dominio de la gramática normativa y un sentido de la lengua que no se adquiere solo con formación académica.

El corrector de pruebas, o corrector de ortotipografía, interviene tras las revisiones de traducción, contenido y estilo. El fin de su labor es conseguir que el lector no encuentre ninguna dificultad en la lectura del documento. Para lograrlo, el corrector, además de eliminar todas las erratas y faltas de ortografía, debe normalizar y unificar todas las convenciones ortotipográficas así como revisar la composición y detectar errores gramaticales que se hubieran quedado tras la corrección de estilo. Para desarrollar esta tarea son necesarios el dominio de la gramática, el conocimiento de las normas de ortotipografía y de los usos y costumbres para aquellos aspectos que no están regidos por normas académicas; además, hace falta un sentido de la lengua en la que se corrige y conocimientos de edición y composición.

En cualquiera de estos casos, la tarea de un corrector es muy delicada y exige además suma prudencia. Un corrector debe conocer todos los recovecos del lenguaje, tiene que ser curioso, «buscar problemas», asegurarse de que cada vocablo está bien usado y que corresponde a la intención del autor. Este último punto tiene especial importancia: el corrector tiene que entender que está velando por transmitir el mensaje del autor con toda la claridad; no es un trabajo para lucirse porque no tiene que dejar ninguna huella.

A nivel general, la labor de revisores y correctores sigue sin valorarse adecuadamente, aunque es evidente su necesidad y responsabilidad en la sociedad como agentes culturales: si no existieran estos profesionales se correría el riesgo de difundir textos pobres en los que los lectores recibirían información errónea y en los que se perdería la capacidad de comunicación debido a impropiedades léxicas o a estructuras gramaticalmente incorrectas.

Fuentes y enlaces relacionados:

Boletín de la Fundéu Donde dice… 14 de enero a abril de 2009
hera.ugr.es/tesisugr/15472905
uniondecorrectores.org

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