Los traductores solemos tomarnos muy en serio nuestra profesión, probablemente porque en demasiadas ocasiones nuestra tarea no se conoce en profundidad ni se valora lo suficiente. Eso conlleva que a menudo no sepamos o no nos guste reírnos de las traducciones insólitas, nuestras o de compañeros de profesión. No hablamos de errores, porque las equivocaciones debidas a falta de preparación o profesionalidad no merecen risa ninguna, sino que nos queremos referir a esos casos en que hay que echarle una…