Decepciones mundiales | Deltatext

Dado que dentro de cada español hay un entrenador de fútbol, podríamos aprovechar este espacio para dar nuestra versión del reciente batacazo de la Roja y proponer la alineación que seguramente nos habría llevado a la segunda estrellita, pero será mejor ceñirse al sector que manejamos en nuestro día a día, aunque en esta ocasión también tengamos motivos para quejarnos.
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El servicio de interpretación consecutiva al que recurrió en un par de ocasiones la Selección Española durante unas ruedas de prensa en Brasil nos confirma lo delicado que es este trabajo y lo poco que hace falta para poner en entredicho una profesión.
En ambos casos no era obligatorio emplear a un intérprete (lo es en los días de víspera de los partidos, pero en ese caso en el estadio hay un equipo de traducción simultánea en diferentes idiomas), pero la Selección decidió recurrir a este servicio dada la grande presencia de periodistas brasileños.

El primer incidente sucedió durante la entrevista a los futbolistas David Silva y Raúl Albiol: las preguntas y respuestas mal traducidas generaron momentos incómodos, miradas divertidas y hasta risas entre los dos deportistas. Actitud que se puede entender dado que el intérprete llegó hasta a cambiarle el nombre a Luis Enrique, que pasó a ser José Enrique. El intérprete es un brasileño que trabaja en el sector del turismo y está (o estaba) al servicio de la Selección en su relación con la prensa… pero no sabemos si está preparado para ser intérprete consecutivo ESPT. Intentó justificarse diciendo que desde su posición no escuchaba bien las preguntas de los periodistas, excusa que no cubre su incapacidad por traducir correctamente las respuestas de los futbolistas que en cambio tenía al lado.

El segundo caso pasó durante la entrevista a otros dos jugadores, Javi Martínez y Koke, en la que también hubo risas. En esta ocasión, la señora que tenía que hacerse cargo de la interpretación cortó más de una vez a los futbolistas (que llegaron incluso a perder el hilo de sus respuestas) y le cambió el nombre a Diego Costa, que se convirtió en David Costa. No tenemos referencias sobre la intérprete, pero, después de ver el vídeo de la rueda de prensa, nos resultaría raro que se tratase de una profesional que ejerce a diario esta actividad.

Pueden parecer situaciones triviales, ya que no se estaba discutiendo el destino de la humanidad, y entrevistadores y entrevistados lograron más o menos entenderse, pero es justamente este más o menos lo que molesta a los profesionales del sector. Los intérpretes se forman también para saber estar en los diferentes escenarios en que tienen que desarrollar su trabajo y, además, preparan con gran diligencia cada encargo. Todos podemos tener un mal día y la improvisación que conlleva un servicio de interpretación aumenta el riesgo de meter la pata, pero nos parece evidente que en estos dos casos concretos los errores no se debieron a una dificultades momentáneas del intérprete.

Fuentes: youtube.com, heraldo.es, globoesporte.globo.com

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